Cuentacuentos…

galaxia, tritón, acelga, cornucopia, multi-dimensional, nectar, sándalo, astrágalo (acepción arquitectónica), chocolate (mmm…), puerta, velo, cascabel, librería

Recogiendo el testigo de Redundancia Cíclica:

Trece veces despertar

Era Domingo. Se acababa de despertar… como casi siempre en invierno le dolían las amígdalas, pero había algo más… se notaba extraño… llevaba varios días con esa inquietante sensación en el estómago (otra vez), era una especie de brisa cálida y dulzona que recorría su interior desde la nariz hasta el estómago, o… ¿era al revés?… no estaba seguro.

Tanto tiempo sintiendo aquello (sobre todo al despertar) y aún no era capaz de determinar si era una sensación buena o mala, pero le inquietaba profundamente que, pese a lo agradable de la sensación, siempre fuese acompañada de ese extraño sentimiento de vacío… era como si un profundo abismo se abriese ante sus pies, pero durante la caída miles de plumas acariciaban su alma.

Últimamente se encontraba cansado, el hastío se apoderaba por momentos de él pese a su resistencia a perder la ilusión y su sonrisa. Era todo un ser y no ser, era feliz pero se sentía desdichado en algunos momentos, la vida era dulce y a la vez amarga, se notaba con más fuerzas que nunca aunque desesperanzado a veces… quería hacer una travesura, pero no hallaba nada que fuera más de lo mismo. Siempre estaba presente en él esa eterna sensación de dualidad, y ahora, más que nunca:

“- ¿Será porque soy géminis?” (se preguntaba)

Fue a la cocina, no parecía haber nadie en casa, no era lo habitual… no sabía si alegrarse o preocuparse… no tenía hambre, se preparó un vaso de leche con cacao…

“- ¡Empezamos bien el día…! (se dijo al caérsele la cuchara repleta de cacao)

Dio un paseo por la casa para comprobar si había alguien, las camas estaban hechas, todo parecía normal, pero definitivamente no, no había nadie. Un poco preocupado regresó a su habitación, miró su teléfono móvil: no había llamadas, ni mensajes… ¿¡qué era aquello!?… el ordenador comenzó a hacer un ruido extraño (un sonido chirriante comenzó a llenar la habitación), apagó el ordenador y volvió a pulsar la tecla de encendido… Chiiiiiiiiiiirrrrrriiiiiiiii…

– “¿¡Pero qué!?…”

La pantalla del ordenador empezó a despedir una potente luz de color blanco que en pocos segundos inundó su habitación, sin embargo no era una luz cegadora, al contrario, se encontraba a gusto. A los pocos segundos (a él le pareció mucho más tiempo) la luz comenzó a tornarse de múltiples tonos hasta que al poco rato se hallaba envuelto en un arcoiris multicolor:

– “Estoy soñando todavía, debo despertar

Se pellizcó.

– “¡¡¡Aaaauuu!!!!, pues no, no estoy soñando… o sí…” (siempre se había preguntado si eso del pellizco funcionaba cuando lo veía en las películas)

– “Debo despertar”. Se repitió… pero no podía.

De repente los distintos colores se fueron convirtiendo en un extraño mar de ceros y unos…

– “¡Halaaa… estoy alucinando! (miro su taza…) ¿estará caducado el cacao o algo así?”, tomó un sorbo (de perdidos al río) y continuó contemplando atónito el estupendo espectáculo numérico… 010000101000111101 010 00111 01111… intentó agarrar uno de aquellos números que flotaban en el aire con su mano.

– “¡Uy casi!

Probó suerte de nuevo y atrapó un bit en su mano derecha, entonces comenzó a sentir una sensación… todo se disipó ante sus ojos y de repente se vio transportado al espacio exterior. Miles de estrellas le rodeaban y se desplegaban ante sus ojos, galaxias enteras bailaban una danza armónica en la lejanía, estaba maravillado ante la grandiosidad de tal espectáculo.

– “Esto es demasiado, debo despertar”.

En ese momento oyó una voz que le hablaba:

– “Hola”

– “Eee… ¡¡hola!!… ¿quién eres?… ¿eres Dios?”

– “No lo sé… soy quien tu desees que sea”

– “¿Sabes cómo puedo despertar de este sueño?

– “¿Despertar?

-“Si…”

– ¿Por qué quieres despertar?, tu has sido el que ha venido aquí.

– ¿Ah, sí?

– “Busca el árbol”.

– “¿Qué… qué árbol?”

– “Búscalo”.

– “Demasiado extraño… debería despertar

Miró a su alrededor, galaxias, estrellas… y, a su lado… se alzaba un enorme árbol de color azul, un azul extrañamente parecido al del mar, los pliegues del árbol se asemejaban a las ondas del océano… eso le hizo sentir una placentera sensación, se sentía como en casa. (Se preguntó si el árbol habría estado todo ese tiempo, a su lado)

Entonces reparó en que el árbol tenía trece ramas, de cada una de ellas pendía un fruto azulado.

– “Escoge uno” (le dijo la voz)

– “Pero… ¿qué?… no… no sé cual elegir…

– “Es simple. Uno”

– “Ya, pero… y si elijo el equivocado?

– “No hay frutos equivocados, todos tienen sabores distintos pero los disfrutarás en realidades diferentes, ahora sólo es tiempo de uno”

Despertar… debería… ¡despertar!…

– “Vamos… coge el que más te guste”.

Le pareció que uno brillaba más que el resto y lo tomó con su mano, saboreó su dulzura y comenzó a sentirse extrañamente bien, lo vio todo tan claro…

– ¡Oh!

Volvía a estar en su cama…

Era Domingo. Se acababa de despertar… como casi siempre en invierno le dolían las amígdalas, pero había algo más… se acordaba de todo… ¿podría haber sido una coincidencia?

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1 comentario

  1. redundancia said,

    octubre 10, 2008 a 7:53 am

    😛


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